La Inspección Técnica de Edificaciones o inspección técnica de edificios; más conocida por sus siglas ITE, es un control técnico al que deben someterse cada cierto tiempo los edificios en todo el territorio español.

La ITE es un tipo de mantenimiento legal preventivo, por el cual se somete periódicamente a los edificios a la revisión de una serie de elementos que afectan a la seguridad del inmueble y de las personas que lo habitan.

En una inspección visual de la estructura, fachada y cubierta, y de las redes comunes de saneamiento y abastecimiento, con el fin de conocer las características constructivas, el estado y patologías que puedan afectar al edificio.

Además, incluirá una toma de datos de la envolvente del edificio para un posterior análisis y/o evaluación de la eficiencia energética del inmueble, y de las condiciones de accesibilidad del mismo.

A partir de que entrara en vigor el RD 8/2011, es obligatorio para todos los edificios en todo el territorio español, recayendo la responsabilidad de realizarla en el caso de viviendas, oficinas, naves, comercios, sobre el propio propietario y en el caso de comunidades de propietarios, sobre la propia comunidad.

Se fijan los siguientes condicionantes generales:

  • El edificio tenga una antigüedad superior a 50 años.
  • Que el edificio esté situado en un municipio de más de 25.000 habitantes.
  • Que así lo disponga la normativa de la Comunidad que le afecte, es decir, estos puntos son mínimos, pudiendo la Comunidad Autónoma aumentar el nivel de exigencia en función de su parque edificatorio.

La Ordenanza municipal califica como infracción grave, la no presentación en plazo y forma la Inspección Técnica de la Edificación, pasando a ser leve si se subsana tras el primer requerimiento formulado por la Gerencia de Urbanismo.

¿Qué quiere decir esto? Que ya existirá sanción, pero ésta será leve si se solventa la situación dentro del nuevo plazo estimado.

Recordar que las infracciones graves son de 3.000 € y las leves de 600 €.

Nuestro consejo es que contrate siempre a un profesional con conocimientos suficientes en el proceso edificatorio y sobretodo que esté formado o especializado en temas que tengan que ver con las patologías de la edificación en cualquiera de sus vertientes.

Este aspecto redundará en el interés del cliente, ya que lo que para un técnico no especializado pueden pasar ciertos “avisos” desapercibidos, para este profesional no lo hará, pudiendo aportar el remedio antes de que surjan mayores problemas, evitando por ello mayores costos de reparación.

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